El Patio Viviente

qué seres vivos puede haber en un patio de sólo 20 m2 en Azoz, valle de Ezkabarte, Navarra


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¡El Hada del Saúco existe!

Tras escribir la entrada Me ha crecido un Saúco estos días, se me ha ocurrido la increíble idea de si quizás habrá alguna forma en su corteza o porte, que se asemeje a un hada o ninfa.

Por supuesto, tengo vocación de científico, bastante me costó sacar la física, química, álgebra, y demás huesos por ir por ciencias, y no cabe en la racionalidad de cualquier científico, la existencia de seres de fábula no demostrables por su método, el método científico.

Pero te pones a buscar por internet las palabras que definen al hada del Saúco, Hyldemoer (en los países nórdicos) o Eldermother (en anglosajones) o simplemente Elder y aparecen enigmáticas ilustraciones de la bruja del árbol Saúco. Los significados de Elder son, además de Saúco, anciano, mayor, más viejo, personaje ilustre.

Nada menos que Hans Christian Andersen, entre sus famosos cuentos tiene uno que se titula El Hada del Saúco, escrito hacia 1840, un ilustrativo y hermoso cuento donde se habla de las dríadas, duendes femeninos de los árboles, y de los poderes pulmonares de las flores del Saúco , que se puede leer en esta página:

Cuento de Andersen el Hada del Saúco

Así que hoy, 8 de noviembre de 2017, por la tarde, mientras cae una buena tormenta a 5ºC (ya era hora que viniera el frío a Navarra), he ído, no sin poca emoción, a observar la corteza de mi joven Saúco.  Por supuesto, para mis adentros me decía que sería imposible encontrar nada que se pareciera a la famosa hada, pero estaba intrigado por qué me iba a encontrar…

He observado detenidamente la no muy gruesa corteza del Sambucus y, de repente la he visto…¡¡¡Aaahhh!!!  No podía ser cierto, pero si se estaba riendo en mi propia cara…

¡El hada del Saúco existe! y se ríe de mí desde la corteza del Sambucus nigra del Patio Viviente. Azoz (Navarra). 8 de noviembre de 2017

¡El hada del Saúco existe!, y se ríe de mí desde la corteza del Sambucus nigra del Patio Viviente. Azoz (Navarra). 8 de noviembre de 2017

¡Alucinante!, ¿no os parece?… Juro que yo no le he hecho ninguna marca. Y está ahí a unos 30 cm. del suelo. En una sonrisa permanente. Parece que le ha gustado darse a conocer por internet. Aunque la entrada de este blog Me ha crecido un Saúco la empecé a escribir en mayo de 2017, no la terminé y publiqué hasta noviembre, hace sólo dos días. Y esta mañana, de repente, se me ha ocurrido que podría haber algo en la corteza, y ahí estaba, sonriéndome, la famosa Hada del Saúco, aunque más parece una bruja… jua, jua, jua.

Increíble Naturaleza… y sobretodo hoy…

Transcripción del cuento de Andersen gracias a Ciudad Seva, casa digital del escritor portorriqueño Luis López Nieves:

El hada del saúco

[Cuento infantil – Texto completo.]

Hans Christian Andersen


Érase una vez un chiquillo que se había resfriado. Cuando estaba fuera de casa se había mojado los pies, nadie sabía cómo, pues el tiempo era completamente seco. Su madre lo desnudó y acostó, y, pidiendo la tetera, se dispuso a prepararle una taza de té de saúco, pues esto calienta. En esto vino aquel viejo señor tan divertido que vivía solo en el último piso de la casa. No tenía mujer ni hijos pero quería a los niños, y sabía tantos cuentos e historias que daba gusto oírlo.

-Ahora vas a tomarte el té -dijo la madre al pequeño- y a lo mejor te contarán un cuento, además.

-Lo haría si supiese alguno nuevo -dijo el viejo con un gesto amistoso-. Pero, ¿cómo se ha mojado los pies este rapaz? -preguntó.

-¡Eso digo yo! -contestó la madre-. ¡Cualquiera lo entiende!

-¿Me contarás un cuento? -pidió el niño.

-¿Puedes decirme exactamente -pues debes saberlo- qué profundidad tiene el arroyo del callejón por donde vas a la escuela?

-Me llega justo a la caña de las botas -respondió el pequeño-, pero sólo si me meto en el agujero hondo.

-Conque así te mojaste los pies, ¿eh? -dijo el viejo-. Bueno, ahora tendría que contarte un cuento, pero el caso es que ya no sé más.

-Pues invéntese uno nuevo -replicó el chiquillo-. Dice mi madre que de todo lo que observa saca usted un cuento, y de todo lo que toca, una historia.

-Sí, pero esos cuentos e historias no sirven. Los de verdad, vienen por sí solos, llaman a la frente y dicen: ¡aquí estoy!

-¿Llamarán pronto? -preguntó el pequeño. La madre se echó a reír, puso té de saúco en la tetera y le vertió agua hirviendo.

-¡Cuente, cuente!

-Lo haré, si el cuento quiere venir por sí solo, pero son muy remilgados. Sólo se presentan cuando les viene en gana. ¡Espera! -añadió-. ¡Ya lo tenemos! Escucha, hay uno en la tetera.

El pequeño dirigió la mirada a la tetera; la tapa se levantaba, y las flores de saúco salían del cacharro, tiernas y blancas; proyectaron grandes ramas largas, y hasta del pitorro salían, esparciéndose en todas direcciones y creciendo sin cesar.

Era un espléndido saúco, un verdadero árbol, que llegó hasta la cama, apartando las cortinas. Era todo él un cuajo de flores olorosas, y en el centro había una anciana de bondadoso aspecto, extrañamente vestida. Todo su ropaje era verde, como las hojas del saúco, lleno de grandes flores blancas. A primera vista no se distinguía si aquello era tela o verdor y flores vivas.

-¿Cómo se llama esta mujer? -preguntó el niño.

«Verás: los romanos y griegos -respondió el viejo- la llamaban Dríada, pero esta palabra no la entendemos nosotros. Allá en Nyboder le damos otro nombre mejor; la llamamos “mamita saúco”, y has de fijarte en esto. Escucha y contempla el espléndido saúco. Hay uno como él, florido también, allá abajo; crecía en un ángulo de una era pequeña y humilde. Un mediodía dos ancianos se habían sentado al sol, bajo aquel árbol. Eran un marino muy viejo y su mujer, que no lo era menos. Tenían ya bisnietos, y pronto celebrarían las bodas de oro, aunque apenas se acordaban ya del día de su boda; el hada, desde el árbol, parecía tan satisfecha como esta de aquí.

-Yo sé cuándo son sus bodas de oro -dijo; pero los viejos no la oyeron; hablaban de tiempos pasados.

-¿Te acuerdas? -decía el viejo marino-. ¿Te acuerdas de cuando éramos niños y corríamos y jugábamos en esta misma era? Plantábamos tallitos en el suelo y hacíamos un jardín.

-Sí -replicó la anciana-, lo recuerdo bien. Regábamos los tallos; uno e ellos era una rama de saúco, que echó raíces y sacó verdes brotes y se convirtió en un árbol grande y espléndido; este mismo bajo el cual estamos.

-Sí, esto es -dijo él-; y allí en la esquina había un gran barreño; en él flotaba mi barca. Yo mismo me la había tallado. ¡Qué bien navegaba! Pero pronto lo haría yo por otros mares.

-Sí, pero antes fuimos a la escuela y aprendimos unas cuantas cosas prosiguió ella- Y luego nos prometieron. Los dos llorábamos, pero aquella tarde fuimos, cogidos de la mano, a la Torre Redonda, para ver el ancho mundo que se extiende más allá de Copenhague y del océano. Después nos fuimos a Frederiksberg, donde el Rey y la Reina paseaban por los canales en su embarcación de gala.

-Pero pronto me tocó a mí navegar por otros lugares, durante muchos años. Fui lejos, muy lejos, en el curso de largos viajes.

-Sí, ¡cuántas lágrimas me costaste! -dijo ella-. Creí que habías muerto; te veía en el fondo del mar, sepultado en el fango. ¡Cuántas noches me levanté para ver si la veleta giraba! Sí, giraba, pero tú no volvías. Me acuerdo de un día que estaba lloviendo a cántaros, el basurero se paró frente a la puerta de la casa donde yo servía. ¡Era un tiempo espantoso! Yo salí con el cubo de basura y me quedé en la puerta, y mientras aguardaba allí se me acercó el cartero y me dio una carta, una carta tuya. ¡Dios mío, lo que había viajado aquel sobre! Lo abrí y leí la carta, llorando y riendo a la vez. ¡Estaba tan contenta! Decía el papel que te hallabas en tierras cálidas, donde crecía el café. ¡Qué país más maravilloso debe ser! ¡Me contabas tantas cosas! Y yo las estaba viendo mientras la lluvia caía sin cesar, de pie yo con mi cubo de basura. Alguien me cogió por el talle…

-Pero tú le propinaste un buen bofetón, muy sonoro por cierto.

-No sabía que fueses tú. Habías llegado junto con la carta y ¡estabas tan guapo! -y todavía lo eres-. Llevabas en el bolsillo un largo pañuelo de seda amarillo, y un sombrero nuevo. ¡Qué elegante ibas! ¡Dios mío y qué tiempo hacía, y cómo estaba la calle!

-Entonces nos casamos -dijo él-, ¿te acuerdas? ¿Y de cuándo vino el primer hijo, y después María y Niels, y Pedro, y Juan, y Cristián?

-Sí, y todos crecieron y se hicieron personas como Dios manda, a quienes todo el mundo aprecia.

-Y sus hijos han tenido ya hijos a su vez -dijo el viejo-. Nuestros bisnietos; hay buena semilla. ¿No fue en este tiempo del año cuando nos casamos?

-Sí, justamente es hoy el día de sus bodas de oro -intervino el hada del sabucal, metiendo la cabeza entre los dos viejos, los cuales pensaron que era la vecina que les hacía señas. Se miraron a los ojos y se cogieron de las manos.

Al poco rato se presentaron los hijos y los nietos; todos sabían muy bien que eran las bodas de oro; ya los habían felicitado, pero los viejos se habían olvidado, mientras se acordaban muy bien de lo ocurrido tantos años antes. El saúco exhalaba un intenso aroma, y el sol, cerca ya de la puerta, daba a la cara de los abuelos. Los dos tenían rojas las caras, y el más pequeño de sus nietos bailaba a su alrededor, gritando, alegre, que habría cena de fiesta: comerían patatas calientes. Y el hada asentía desde el árbol y se sumaba a los hurras de los demás».

-Pero esto no es un cuento -observó el chiquillo, que escuchaba la narración.

-Tú lo sabrás mejor -replicó el viejo señor que contaba-. Lo preguntaremos al hada del saúco.

-No fue un cuento -dijo ésta-; el cuento viene ahora. Las más bellas leyendas surgen de la realidad; de otro modo, mi hermoso saúco no podría haber salido de la tetera.

Y, sacando de la cama al chiquillo, lo estrechó contra su pecho, y las ramas cuajadas de flores se cerraron en torno a los dos. Quedaron ellos rodeados de espesísimo follaje, y el hada se echó a volar por los aires. ¡Qué indecible hermosura!

El hada se había transformado en una linda muchachita, pero su vestido seguía siendo de la misma tela verde, salpicada de flores blancas, que llevaba en el saúco. En el pecho lucía una flor de saúco de verdad, y alrededor de su rubia cabellera ensortijada, una guirnalda de las mismas flores. Sus ojos eran grandes y azules, y era maravilloso mirarlos. Ella y el chiquillo se besaron, y entonces quedaron de igual edad, sintiendo las mismas alegrías.

Cogidos de la mano salieron de entre el follaje, y de pronto se encontraron en el espléndido jardín de la casa paterna; en medio del verde césped, el bastón del padre aparecía atado a una estaquilla. Para los pequeñuelos había vida en aquel bastón; no bien se hubieron montado en él, el reluciente pomo se convirtió en una magnífica cabeza de caballo, con larga y negra melena ondulante, y de la caña salieron cuatro patas esbeltas y vigorosas; el animal era robusto y valiente. Se echaron a cabalgar a galope por el césped.

-¡Olé!, correremos muchas millas -dijo el muchacho-; iremos a la finca donde estuvimos el año pasado.

Y venga cabalgar alrededor del césped, mientras la muchacha, que, como sabemos, era el hada del saúco, gritaba:

-Ya estamos llegando. ¿Ves la casa de campo, con el gran horno que parece un gigantesco huevo que sale de la pared y da al camino?

El saúco extiende sus ramas por encima, y el gallo va de un lado a otro, escarbando el suelo para sus gallinas. ¡Mira cómo se pavonea! Ahora estamos cerca de la iglesia, en la cumbre de la colina, entre corpulentos robles, uno de los cuales está medio muerto. Y ahora llegamos a la herrería, donde arde el fuego, y los hombres, medio desnudos, golpean con sus martillos esparciendo una lluvia de chispas. ¡Adelante, camino de la casa de los señores!

Y todo lo que iba nombrando la chiquilla montada en el bastón, lo veía el niño, a pesar de que no se movían del prado. Jugaron luego en el camino lateral y plantaron un jardincito en la tierra; ella se sacó una flor de saúco del cabello y la plantó; y creció como hiciera aquel que habían plantado los viejos cuando niños ya. Iban cogidos de la mano, como los abuelos hicieron de pequeños, pero no se encaminaron a la Torre Redonda ni al jardín de Frederiksberg, sino que la muchacha sujetó al niño por la cintura y se echaron a volar por toda Dinamarca; y llegó la primavera, y luego el verano, el tiempo de la cosecha y, finalmente, el invierno; y miles de imágenes se pintaban en los ojos y el corazón del niño, mientras la muchachita cantaba:

-¡Jamás olvidarás esto!

En todo el curso del vuelo, el saúco estuvo exhalando su aroma suave y delicioso. Bien observaba el niño las rosas y las hayas verdes, pero el sabucal olía con mayor intensidad aún, pues sus hojas pendían del corazón de la niña, y sobre él reclinaba el pequeño a menudo la cabeza durante el vuelo.

-¡Qué hermoso es esto en primavera! -exclamó la muchacha; y se encontraron en el bosque de hayas en pleno reverdecer, con olorosas asperillas al pie de los árboles y rosados anemones entre la hierba-. ¡Ah!, ¿por qué no será siempre primavera en los perfumados hayales de Dinamarca?

-¡Qué espléndido es aquí el verano! -exclamó ella, mientras pasaban por delante de viejos castillos del tiempo de los caballeros, cuyos rojos muros y recortados frontones se reflejaban en los canales donde nadaban cisnes, y a lo largo de los cuales se extendían antiguas y frescas avenidas. En los campos, las mieses ondeaban como el mar; en los ribazos crecían flores rojas y amarillas, y en los setos prosperaba el lúpulo silvestre y la florida enredadera. Al anochecer se remontó la luna, grande y redonda; los montones de heno de los prados esparcían su agradable fragancia.

-¡Esto no se olvida nunca!

-Es magnífico aquí el otoño -volvió a exclamar la muchachita. El aire era aún más alto y más azul, y el bosque presentaba una bellísima combinación de tonos rojos, amarillos y verdes. Pasaban corriendo perros de caza, grandes bandadas de aves salvajes volaban gritando por encima de los sepulcros megalíticos, recubiertos de zarzamoras, que proyectaban sus sarmientos en torno a las vetustas piedras. El mar era de un azul negruzco y aparecía salpicado de barcos de vela, y en la era mujeres maduras, doncellas y niños, recogían lúpulo y lo metían en un gran tonel; los jóvenes cantaban canciones, mientras los viejos narraban cuentos de duendes y gnomos. ¿Dónde podía estarse mejor?

-¡Qué hermoso es aquí el invierno! -repitió la niña-. Todos los árboles estaban cubiertos de escarcha, como blancos corales; la nieve crepitaba bajo los pies, como si se llevasen siempre zapatos nuevos, y en el cielo se sucedían las lluvias de estrellas. En la sala estaba encendido el árbol de Navidad; había regalos y buen humor; en las casas de labranza resonaba el violín, y rebanadas de manzana caían a la sartén.

Hasta los niños más pobres decían:

-¡Qué hermoso es el invierno!

Y sí, era hermoso; y la muchachita enseñaba al niño todas las cosas; el saúco seguía exhalando su fragancia, y la bandera roja con la cruz blanca seguía ondeando; aquella bandera bajo la cual había navegado el viejo marino de Nyboder.

El niño se hizo un mozo y tuvo que salir al ancho mundo, lejos, a las tierras cálidas, donde crece el café. Pero al despedirse, la muchacha se desprendió del pecho una flor de saúco y se la dio como recuerdo. Él la puso cuidadosamente en su libro de cánticos, y siempre que lo abría en tierras extrañas, lo hacía en la página donde guardaba la flor; y cuanto más la contemplaba, más verde se ponía ella. Le parecía al mozo respirar el aroma de los bosques patrios, y veía claramente a la muchacha que lo miraba por entre los pétalos con aquellos ojos suyos azules y límpidos; y susurraba:

-¡Qué hermosos son aquí la primavera, el verano, el otoño y el invierno!

Y centenares de imágenes cruzaban su mente.

Así transcurrieron muchos años; el muchacho era ya un anciano, y estaba sentado con su anciana esposa bajo un árbol en flor. Se habían cogido de las manos, como el bisabuelo y la bisabuela de Nyboder, y, lo mismo que ellos, hablaban de los tiempos pretéritos y de las bodas de oro. La muchachita de ojos azules y de las flores de saúco en el pelo, desde lo alto del árbol, inclinaba la cabeza con gesto de aprobación y decía:

-Hoy celebran sus bodas de oro.

Sacándose luego dos flores de su corona, las besó, y ellas relucieron primero como plata y después como oro; y cuando las puso en las cabezas de los ancianos, cada flor se transformó en una áurea corona. Y allí seguían los dos, semejantes a un rey y una reina, bajo el árbol fragante; y él contaba a su anciana esposa la historia del hada del sabucal, igual que se la habían contado antes a él, cuando era un chiquillo; y los dos convinieron en que en aquella historia había muchas cosas que corrían parejas con la propia; y lo que más se parecía era lo que más les gustaba.

-Así es -dijo la muchachita del árbol-. Algunos me llaman hada, otros Dríada, pero en realidad mi nombre es Recuerdo. Yo soy la que vive en el árbol, que crece y crece continuamente. Puedo pensar en lo pasado y contarlo. Déjame ver si conservas aún tu flor.

El viejo abrió su libro de cánticos, y allí estaba la flor de saúco, fresca y lozana como si acabase de cogerla; y el Recuerdo hizo un gesto de aprobación, y los dos ancianos. Con las coronas de oro en la cabeza, siguieron sentados al sol poniente. Cerraron los ojos y… bueno, el cuento se ha terminado.

El chiquillo yacía en su cama; ¿había sido aquello un sueño, o realmente le habían contado un cuento? Sobre la mesa se veía la tetera, pero de ella no salía ningún saúco, y el anciano señor del piso alto se dirigía a la puerta para marcharse.

-¡Qué bonito ha sido! -dijo el pequeñuelo-. ¡Madre, he estado en las tierras cálidas!

-No me extraña -respondió la madre-. Cuando uno, se ha tomado un par de tazas de infusión de flor de saúco, no hay duda de que se encuentra en las tierras cálidas.

Y lo arropó bien, para que no se enfriara.

-Estuviste durmiendo mientras yo y él discutíamos sobre si era un cuento o una historia.

-¿Y dónde está el hada del saúco? -preguntó el niño.

-En la tetera -replicó la mujer-, y puede seguir en ella.

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Me ha crecido un Saúco

La primavera del año 2016 apareció por el huerto del Patio Viviente una planta vigorosa y ramificada y que crecía a gran velocidad. Así estaba en abril :

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Y así en julio de 2016:

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Esa forma y disposición de las hojas me recordaba a alguna planta, pero no daba con ella… Me sonaba haberla visto en algun ribazo, cercano a la vegetación de algún río, … pero no iba a ser fácil descubrir de qué planta se trataba con lo parecido que es el reino vegetal.

Un día, al tocarle las hojas, me di cuenta que expedían un olor desagradable, yo lo asociaba al del tabaco…

Hojas de Saúco (Sambucus Nigra) en Patio Viviente, Azoz, Navarra

¿No sería una planta invasora…? Cada vez ocupaba más parte de mi escaso huerto y crecía alta, sombreando las tomateras, … me estaban entrando ganas de arrancarla…

Cuando llego el invierno perdió las hojas, incluso pensé que se había secado, pero esta primavera de 2017 ha vuelto a brotar, y con fuerza, tanto por arriba como desde la propia raíz emitiendo un nuevo tallo verde vigoroso, y otra vez con ese olor tan característico y repulsivo que dan sus hojas al frotarlas…

Para colmo de males, este año desde muy temprana primavera, sus tallos más tiernos se han llenado de pequeños pero grandes pulgones negros, los cuales expiden tanto azúcar, que dejan las hojas de más abajo, brillantes y pegajosas por los jugos que estos emiten. La plaga de pulgón que tiene esta misteriosa planta es tan masiva, que, fijándote bien, se puede ver que, entre los pulgones, hay pequeños monstruos predadores de estos; son larvas de sírfidos, conocidas como moscas de las flores o cernidoras, por su capacidad de estar inmóviles en el aire como los Cernícalos. A su vez, las larvas de sírfidos son parasitadas por una pequeña avispilla que pone sus huevos dentro de estas,… ¡qué pequeña fauna y tan desconocida…!

Bueno, pero estábamos queriendo saber qué vigorosa planta había colonizado el pequeño trozo de huerto de solo 8 m2 del patio viviente, y contábamos con una gran ayuda para saberlo, que era el curioso olor de sus hojas.

En semana santa fuimos de vacaciones al valle de Tena, en Huesca, y nos alojamos en Oliván, pequeño pueblo casi abandonado en el acceso a otros pueblos ya abandonados como Susín, en el Sobrepuerto oscense. Entre las pequeñas huertas aterrazadas de Oliván, había unos arbolícos cuyas hojas me sonaban de algo… su forma se parecía a alguna conocida, pero,… ¿a quién?,… y se me ocurrió frotarlas y, ¡ahí va! pero si es el olor de la planta de Azoz. La forma de estos arbolícos, de unos 4 metros de alto y bastante extendidos, se asemejaba mucho a algunos que he visto en ribazos de Azoz o cerca de ríos en el propio río Ultzama o también en el Arga. Estos árboles sacan ramilletes de flores blancas con un perfumado y agradable olor que después se convierten en bolitas negras dulces.. ¡¡Son Saúcos!!

Sauco (Sambucus nigra) en un ribazo cercano a Azoz (Navarra)

Saúco (Sambucus nigra) en un ribazo cercano a Azoz (Navarra)

Conclusión: me estaba creciendo un Saúco espontáneamente, guauuu… y yo que casi lo arranco, con la de propiedades y misterios que se le atribuyen… A pesar de que la corteza y las hojas son tóxicas y tienen un olor repulsivo, por contra, las flores del Sambucus nigra, expelen un atractivo olor y se usan como antialérgicas y en procesos catarrales. Los frutos también se usan; ya hace unos años intenté hacer mermelada con sus frutos, solo que cogí los frutos de un saúco mas pequeño, que no se convierte en árbol y es de la misma familia, pero mucho más venenoso. Estuve a punto de hacer la mermelada, pero algo me dijo que aquello no era seguro y tiré los frutos en el último momento… y menos mal, porque los frutos del Saúco son algo tóxicos si se toman en crudo, pero los del Yezgo, Sauquillo o Saúco menor (Sambucus ebulus) son de elevada toxicidad.

El Saúco (Sambucus nigra),  que puede llegar a ser un pequeño árbol, es una planta rodeada de leyendas y curiosidades en las diferentes culturas donde ha estado presente. La que más me ha llamado la atención es la leyenda de Dinamarca, donde se cree que en el Saúco habita un hada, a la que hay que pedir permiso si se va a cortar parte de su madera, ya que sino, atormentará a los usuarios de ese mueble, de tal manera que, por ejemplo, un bebé no podrá dormir, si su cuna se ha hecho con madera de Saúco, sin el preceptivo permiso de su ninfa, Hyldemoer en danés o Eldermother en inglés, …y yo que casi la arranco… porque… ¿cómo va a existir el Hada del Saúco?… pues… ¡El Hada del Saúco existe!

Otra de las tradiciones misteriosas del Saúco es que acostumbra a aparecer en todos los huertos. La explicación científica es que lo hace porque tiene afición a los lugares húmedos, pero resulta curioso que lo haga espontáneamente en muchos huertos, y en mi caso, donde ha aparecido, es un lugar con vocación de huerto.

Para conocer más sobre el Saúco:

http://www.botanical-online.com/medicinalssauco

Saúco (Sambucus nigra) en patioviviente.wordpress.com

Saúco (Sambucus nigra) de 2 años y 3 metros, entremezclado con varias trepadoras, en Patio Viviente de Azoz (Navarra) . No da flores ni frutos todavía

Algo muy curioso de mi espontáneo Saúco, es que todavía no ha echado flores. Solo tiene dos años, pero su porte alcanza casi 3 metros, y por alguna extraña razón no echa las beneficiosas flores… quizás sea porque está muy sombreado, como todo mi huerto, pero a la altura que ya tiene, recibe bastantes horas de sol… ¿exceso de abono nitrogenado?, ¿exceso de humedad?, pero yo solo echo algo de ceniza y compost… y apenas riego.

Saúco (Sambucus nigra) autosembrado en el Patio Viviente de Azoz (Navarra) de unos 3 metros sobresaliendo por la valla el 15 de Octubre de 2017

Saúco (Sambucus nigra) autosembrado en el Patio Viviente de Azoz (Navarra) de unos 3 metros sobresaliendo por la valla el 15 de Octubre de 2017 (Las flores blancas no son del Sauco; son de una trepadora llamada Solanum jasminoides)

Desde luego que me ha crecido una misteriosa planta. Y ni siquiera la he plantado yo,… pero no es el único ÁRBOL que ha salido solo,… en una maceta abandonada ha crecido sola otra curiosa planta, más fácil de identificar… pero eso será otra pequeña historia del patio viviente.

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Otro mamífero en el Patio Viviente: cazar vivo o muerto al Ratón Casero

Este pasado invierno de 2015, y no es el primero, he detectado que en casa hay algún mamífero más, y no hablo de Martín, mi tercer chico. Por diversas esquinas hay unas diminutas bolicas que te hacen sospechar:

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Excrementos de Ratón Casero

Al principio, tienes sentimientos encontrados; por un lado, el corazón sonríe diciéndote que la naturaleza te vuelve a sorprender, trayéndote, nada menos que todo un mamífero hasta el interior de tu casa; por otro lado, el cerebro te indica que no podéis convivir juntos, y es un foco de suciedad y enfermedades, y más aún habiendo niños en casa.

En mi caso, ha podido el cerebro (no se si el mio o el de mi familia). Así que te prestas a la eliminación del visitante okupa. Y aquí surge el gran dilema que se puede plantear un amante de los animales. La tradición dice que lo que hay que hacer, y se ha hecho siempre, es colocar cepos, incluso probablemente sea lo más efectivo. Pero no parece un espectáculo muy agradable recoger después los restos destripados de Jerry... Existen otras opciones efectivas menos sangrientas, ya probadas por mi en el pasado y con éxito, como atraparlos con un pegamento especial, pero si no usas un lubricante después, el pobre ratón esta condenado a una muerte más lenta que la del cepo:

Pegamento para atrapar ratones

Pegamento para atrapar ratones

Últimamente también se venden aparatos que se conectan a la red eléctrica y emiten unos ultrasonidos que deben ser horribles para los ratones, insectos, etc. pero, son mas dudosos, en cuanto a efectividad.
Me extrañaba que no estuviera inventada una trampa para ratones sin muerte. Aunque pregunte en alguna ferretería local, solo me ofrecían la versión clásica de tripas fuera.
Así que tuve que acudir a internet y, aunque me costó, por fin encontré un modelo muy sencillo y barato en una ferretería española que vendía por internet.

Trampa para coger ratón vivo. Patio viviente. 12 de Mayo de 2015

Trampa para coger ratón vivo. Patio viviente. 12 de Mayo de 2015

Las huellas del paso de los ratones se encontraban por toda la casa, pero había un lugar donde su presencia fue confirmada con toda veracidad. El pasado verano, los agricultores del pueblo, le dieron a mi hijo mayor, una bolsa llena de pipas de girasol, para que las usara en la cosechadora en miniatura con la que se pega grandes ratos circulando por toda la casa. Esta bolsa de pipas, la dejamos abandonada en una esquina del salón. Al tiempo, descubrimos que iba perdiendo contenido y que parte de las pipas se habían desdoblado solo en cascaras…
Mirando, mirando, aun nos sorprendimos más al ver la que había montada en el hueco triangular que queda detrás del sofá: varios montones de pipas descascarillados:

Comedor permanente de pipas naturales elegido por Ratón casero dentro de casa del Patio Viviente.  Azoz (Navarra) 13 de Mayo de 2015

Comedor permanente de pipas naturales elegido por Ratón casero dentro de casa del Patio Viviente. Azoz (Navarra) 13 de Mayo de 2015

Por lo visto, tras salir a campo abierto a obtener su botín, se desplazaba, con los carrillos llenos, a un lugar más tranquilo donde alimentarse.

Así que íbamos a intentar coger al causante de todos esos desórdenes, pero de una manera no cruenta. Ya que era tan aficionado a las pipas, parecía lógico ponerle de cebo ese mismo alimento y así lo hicimos. Pero el resultado fue sorprendente: las pipas se las comía (quedaban las cáscaras), pero ni rastro del comensal.

Cascaras de pipas con interior devorado en trampa para coger ratón vivo. Patio viviente. 12 de Mayo de 2015

Cascaras de pipas con interior devorado en trampa para coger ratón vivo. Patio viviente. 12 de Mayo de 2015

¿Que ocurría? ¿No funcionaba el invento? ¿El ratón era capaz de entrar, comerse las pipas y salir tan campante sin accionar el mecanismo de cierre de la puerta?… Teníamos que colocar como cebo un alimento mas grande, que le obligara a maniobrar más torpemente, y cayera en la trampa. Por ejemplo, un cacho de pan duro.
Y después de la primera noche con el nuevo cebo, un pequeño madrugador de 6 años, se encontró con la trampa ocupada. Por supuesto, enseguida vino a comentarnos el hecho, pero a las 8 de la mañana del domingo, solo consiguió que se levantara su hermana de 5 años.

Poco a poco, fuimos levantándonos todos, y nos encontramos con nuestro nuevo vecino de casa. Al principio, verlo da un poco de repelús, debido, achaco yo, a lo peludo que es y la cola ancha y lombrizoide…pero, cuando observas sus ágiles evoluciones, decides que no es más que un hámster con cola, con sus mismos hábitos de limpieza, movimientos rápidos y ojos curiosos y saltones. No hay mas que verle mordisquear el metal de la jaula con sus pequeños incisivos, intentando la huida, para concederle el indulto a sus fechorías.

Ratón Casero cazado vivo. Patio Viviente. Azoz, Navarra 3 de Mayo de 2015

Ratón Casero (Mus musculus) cazado vivo. Patio Viviente. Azoz, Navarra 3 de Mayo de 2015

Y, como no, después de desayunar, nos fuimos mi hijo mayor y yo, al mismo lugar donde liberamos al Erizo atrapado, una zona mixta de arbolado y campos de cereal cercana al pueblo, y abrimos la puerta de la jaula, desde donde salió, dando grandes saltos, el pequeño ladrón de pipas.

Aunque parece que podría terminar ahí la historia del Ratón Casero, me he encontrado más huellas del paso de roedores por el Patio Viviente. Esta vez ha sido en la caseta nueva que construí para albergar la caldera de pellets. En esta caseta se ha constatado un hecho que se repite por varias casas del pueblo y que, aparentemente, parece imposible, y es, que los ratones se introducen en las viviendas humanas por el tejado, en vez de por el suelo, como parecería más lógico. Las pruebas de esta afirmación, aparecen en la caseta de la caldera, al haber sido capaces de romper el aislante de poliuretano que envuelve los tubos de agua que comunican el panel solar térmico del tejado, con el depósito de la caldera de biomasa.

Aislante de tubos de panel solar en caseta de caldera de pellets, mordisqueado por Ratón Casero. Patio Viviente. Azoz, Navarra, 14 de Mayo de 2015

Aislante de tubos de panel solar en caseta de caldera de pellets, mordisqueado por Ratón Casero. Patio Viviente. Azoz, Navarra, 14 de Mayo de 2015

Las huellas, en esta calentica estancia, son más numerosas que en casa, apareciendo excrementos de diferentes tamaños, como si hubieran criado. Habrá que colocar de nuevo la trampa y ver qué nos encontramos, pero eso se merecerá otra entrada.

Así que, si tenéis unos chiquitos ladronzuelos en casa, no penséis como Hannibal Lecter: … qué va a ser: … tripas fuera o tripas dentro…


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Mi segunda caja nido, 30 años después

Correría el año 1984. Yo tenía 13 años. Me gustaba montar en mi bicicleta de carretera Orbea Moncayo de color azul. Sobretodo daba la vuelta de Aranguren, que desde Pamplona venían a ser casi 20 kilometros. El valle de Aranguren es una pequeña cuenca de unos 5 kilómetros rodeada de pequeñas montañas. A pesar de su cercanía a la ciudad y de su situación como de isla rodeada de campos de cereal, las montañas de este valle cuentan con una gran diversidad de fauna y flora. De hecho, en sus partes más elevadas e inaccesibles pervive un auténtico bosque caducifolio original, con numerosos ejemplares de hayas, lo que supondría, en el caso de Navarra, uno de sus límites más meridionales.

Yo era ya un pequeño naturalista gracias, creo, a los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, de mi contacto con los insectos, reptiles y anfibios en mi lugar de veraneo infantil (Moiá, Barcelona), y a mi padre, cuya mayor afición era la caza. También guardo muy buen recuerdo de mis primeras guías de campo de aves, de mi colección completa de las fichas de los Amigos de Félix, que coleccioné durante más de dos años y medio y que guardo con cariño, y de los libros de La Senda de la Naturaleza, en especial del dedicado a los PAJAROS.

En el caso de este libro no soy el único que le reconoce su gran impacto: http://vidaenebullicion.blogspot.com.es/2010/05/la-senda-de-la-naturaleza.html

Aparece también en el completo compendio sobre sus libros del campero inquieto: http://www.elcamperoinquieto.com/2013/12/mis-queridos-libros-camperos.html

Este libro era muy práctico porque te enseñaban a hacer un comedero para pájaros o una caja nido. Tanto fué así, que me empeñe en hacer una caja nido, mi primera caja nido, y recuerdo lo que me costó recortar los gruesos tableros de contrachapado, con mi escasa sierra para madera chapacumen de la clase de pretecnología.

Me cojí la bici y la mochila, con la caja nido atada de malas maneras y para la vuelta de Aranguren que me fuí. Elegí la parte alta de un pinar situado entre Ilundain y Laquidain, cerca del actual Centro de Recuperación de Aves. Y allá, escalando entre las ramas de un pino, me subí y coloque mi primera caja nido… para haberme roto algo… en ese pinar recuerdo haber visto Ardillas, Herrerillos Capuchinos y Agateadores. Y más arriba, en la parte de salvaje hayedo, un Cárabo y los espectaculares picados de la parada nupcial de las Aguilas Calzadas. Todas las visitas iniciales que hice a mi caja nido para ver si había sido ocupada, dieron resultado negativo. Creo que la instalé ya bien entrada la primavera, ésta no era buena época para escaparse de los exámenes.  Con el tiempo me cansé.

Un par de años más tarde, me acerqué y observé mi caja nido por el suelo. Creo que el contrachapado y la mala sujeción mediante cable, no aguantaron bien los duros inviernos. Pero al abrirla, una bola de ramitas y plumas estaba dentro, ¡¡¡había sido ocupada!!!

Treinta años más tarde, aquí estoy. Con ánimos naturalistas renovados gracias a blogs como los que sigo; en el tema de cajas nido especialmente el del Campero Inquieto http://www.elcamperoinquieto.com y su gran promoción para la instalación de todo tipo de cajas nido… porque además de observar hay que conservar… que razón tiene.

CAJAS NIDO

Este Autillo Europeo Otus Scops, ha conseguido el Campero Inquieto, que anide en una de sus cajas nido

http://www.elcamperoinquieto.com/search/label/Autillo

Para ver parte del impresionante trabajo del Campero Inquieto entorno a las cajas nido:

http://www.elcamperoinquieto.com/2011/06/cajas-nido.html

Así que esta Semana Santa de 2014, he paralizado la ampliación de la pequeña parte de tierra del Patio Viviente en la que estoy metido, por hacer a todo correr una caja nido, mi segunda caja nido, treinta años después, se dice pronto, y llegar a la nidificación de algún párido. En especial mientras la hacía, me martilleaba el reclamo de un Carbonero Común, como si me estuviera diciendo venga, que no llegamos…

En la confección de la misma he contado con un gran carpintero de 5 años… Yo la sierra, la sierra… y una impaciente barnizadora de 4 años … ahora me toca a mi, a mi ...

19 de Abril de 2014 Cortando maderas para mi segunda caja nido (la primera de otros)

19 de Abril de 2014 Cortando maderas para mi segunda caja nido (la primera de otros)

La caja nido la hemos hecho con cuatro retales de madera tipo chapacumen en tres laminas. Normalmente uso la sierra de calar eléctrica, pero mi ayudante, al ver la mega sierra manual más grande que él, se ha empeñado en usarla, y mejor esa que la eléctrica, aunque hayamos tardado cinco veces mas en cortar. Tampoco nos ha importado unir retales de madera que teníamos, aunque ni siquiera completaran una cara y hacer una caja un poco irregular e imperfecta, quizás imitando a la naturaleza, con tal de aprovechar bien la madera. Así nos quedara más madera para futuras cajas nido.

Cortando madera a la antigua para mi segunda caja nido. Patio Viviente, Azoz Navarra. 19 de abril de 2014

Cortando madera, a la antigua usanza, para mi segunda caja nido. Patio Viviente, Azoz, Navarra. 19 de abril de 2014

Con las prisas por no retrasarnos más en la reorganización del Patio Viviente y ampliación de la parte de huerto que estamos haciendo, y llegar a la nidificación de algún ave esta primavera, no se puede decir que nos haya quedado muy lucida, pero bueno, algo es algo.

27 de Abril de 2014  Mi segunda caja nido , 30 años después, en el Patio Viviente

27 de Abril de 2014 Mi segunda caja nido , 30 años después, en el Patio Viviente

 

27 de Abril de 2014  Mi segunda caja nido , 30 años después, en el Patio Viviente

27 de Abril de 2014. Mi segunda caja nido, 30 años después, en el Patio Viviente

Ahora a esperar. A ver si hay algunos jovenzuelos con necesidades de alojamiento tardío.